¿Por qué lloramos el incendio de Notre Dame y no los ataques a Siria o la deforestación?

La foto de Notre Dame en llamas y al borde de su extinción inundó las redes sociales. Luego, fueron las fotos de los turistas con la iglesia de fondo, como recordatorio de su pasado esplendor. Simultáneamente, empezaron a facturarse millones de euros para su reconstrucción. Mucha gente celebró la notica. Pero también se alzó un grito de furia: ¿por qué nadie llora la muerte de los niños Sirios? ¿por qué no llueven millones de euros a esa zona? O, ¿por qué no nos lamentamos ante el lento asesinato que hacemos a la Madre Tierra?

Hay un proceso psicológico que explica esta situación llamado “Identificación“. Astrológicamente hablando, este proceso está a cargo de Neptuno. Él hace que nos sintamos atraídos a cierto estilo de ropa (y nos vistamos a la moda, o como un hipster, o como un nerd). Algo de nuestra identidad se borra para asumir parte de una identidad ajena. Un hincha del Barça celebra la victoria de su equipo como si fuera él quien gana millones o quien saldrá en las portadas de las revistas, cuando en realidad él es uno de los tantos contribuyentes que ayudan a que estos jugadores cobren una cantidad de dinero que no alcanzo a contar. Muere una cantante y sus fans, de quienes ella no conoce su existencia más que por una cifra numérica, lloran y hacen luto por días. Arde Notre Dame y la gente se lamenta como si fuera la casa del vecino que está en llamas.

En un concierto, los asistentes se sienten arrollados por la música, se identifican con los cantantes y pierden el eje de su propia identidad.
Neptuno colaborar a borrar los bordes del ego para que se produzca la identificación.

¿Qué pasa con Siria? ¿O con el planeta Tierra? ¿Es que no les importa? Las reglas para la identificación con este tipo de problemas pueden resumirse en una palabra: “Distancia“. Cuanto más distante sea el depositario del proceso de identificación, más difícil será que nos conmueva. Notre Dame representa años de historia y de cultura europea. Se erige así como símbolo. Verlo arder conmueve porque fácilmente nos identificamos con lo que representa. Siria no está lejos de Europa. Pero su realidad, sí. Lamentablemente es más difícil identificarse con familias que tienen otro modo de vida y que, en este momento, se encuentran expuestas a una realidad horrible. Aquí tiene cabida otro proceso que promueve la desidentificación: si realmente acepto que yo soy parte del sistema que fomenta estas situaciones, se produce disonancia entre quién soy y quién me gustaría ser. Nuestro aparto psíquico necesariamente genera distancia con esa otra realidad. Hace unos años se publicó en portada de periódicos la foto de un niño sirio que moría en una playa (https://www.elconfidencial.com/mundo/2015-09-03/nino-sirio-muerto-orilla-playa-turquia_998584/). La foto generó muchísimo impacto y empezaron a fluir euros hacia las ONGs que estaban interviniendo en el lugar. ¿Por qué? Porque no era tan difícil identificarse con un niño inocente, sobre todo cuando casi todo Europa volvía de veranear. Pero sí es difícil identificarse con las familias sirias a quienes los europeos ven como “más pobres”, o “más atrasados”, o “o más religiosos”, o “menos cultos”, o… mil y un adjetivos que han construido la imagen que tenemos de Siria, justamente para generarnos esa distancia y dificultar la identificación. Aquí los responsables son Saturno y la Luna, que buscan proteger al aparato psíquico, crear bordes, distancias, corazas.

Una pared y un foso de agua separan los de adentro de los de fuera.
Tanto Saturno como la Luna buscan proteger.

Ahora el tema de la distancia también aplica al proceso de identificación al medir la distancia que existe entre hoy y la resolución. Es más fácil identificarse con un partido político que ya está resolviendo problemas y no es tan fácil hacerlo con uno que dice que va a llevar años. Muchísimas personas se lamentan por la situación en Siria y quisieran que no estuviera ocurriendo. A partir de la foto del niño mencionada anteriormente, se tomó consciencia de lo que significa la crisis de refugiados. Miles (sino millones) de personas se manifestaron con dos mensaje claros y contundentes: “Sois bienvenidos” y “Shame on Europe”. Pero, ¿qué pasó? El conflicto Sirio es mucho más complejo que reconstruir una catedral. El conflicto medioambiental también. Hay intereses de diversas entidades, empresas y gobiernos, un nido de serpientes que se envenenan entre ellos para ganar la batalla. Reconstruir una catedral suena a una tarea descomunal pero no lo es. Tiene un principio y un fin claro, alcanzable en el tiempo. El hecho de ver que es una causa con un claro final también coopera a que nuestra mente diga “vale la pena invertir dinero o energía en esto”. Y aquí entra Júpiter que alumbra la visión y que pide “que tenga sentido”.

Así que, no, no son indiferentes al conflicto sirio o a la crisis medioambiental quienes lloran por Notre Dame. Sí, puede haber ricos que quieran limpiar su nombre y mostrarse filántropos. Pueden incluso estar intentando lavar dinero. Ahora, pregunto, ¿cómo se soluciona la situación en Siria? ¿Realmente creen que un cheque por varios millones de euros acabaría con esta tragedia? Y, con el planeta Tierra, ¿alguien puede resolver el conflicto enviando un montón de dinero? Con esto no estoy defendiendo a nadie sino señalando que quienes son acusados de hipócritas, en realidad, están siendo descriptos por su primera naturaleza: la humana. Y, en mi opinión, pecan de dos cualidades uranianas hermosas: la ingenuidad y la creencia de que el ser humano es mejor de lo que en realidad es.

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